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sábado, 3 de marzo de 2012

Democracia de salón (2ª parte): Influencia, manipulación e igualdad democrática


"Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son." 

Abraham Lincoln

Observamos incrédulos y no pocas veces decepcionados, que nuestro sistema democrático, lejos de alcanzar las cuotas de igualdad idóneas para el desarrollo de sus ciudadanos, se aleja notablemente de su objetivo por factores y actores diversos que irrumpen en el ámbito de la política con objetivos que nada tienen que ver con el objetivo común. No se trata de una carencia de fundamentos o motivaciones –una inmensa mayoría de individuos sabemos cómo debemos comportarnos, sin embargo, el comportamiento real es diferente al ideal-, sino de los factores exógenos al juego democrático que lo pervierten y modifican con la finalidad de lograr objetivos, muchas veces partidistas y grupales, alejándose así del objetivo prioritario que debe regir cualquier sistema democrático: alcanzar la igualdad política, entendida esta en su acepción más amplia.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de nuestros vecinos franceses en 1789, nace precisamente de la lucha del ciudadano contra la opresión que ejerce el poder; luchan por la igualdad de derechos sin restricciones ni escisiones; abogaron por el liberalismo y por enunciar su máxima: “Todos los hombres nacen libres e iguales en derechos.” Si bien las circunstancias políticas y sociales de aquel momento permitían la formulación de axiomas emotivos y tan optimistas que dejaban enunciar que “todos” los hombres eran iguales, ese era el ideal: objetivo a alcanzar y para ello, deberían de dotarse de las instituciones políticas adecuadas en las que tan noble objetivo pudiese culminar.
A lo largo de la historia, múltiples son las confrontaciones sociales por alcanzar la igualdad real efectiva, motivados en más de las veces, no por razones si no por emociones, sentimientos y pasiones, factores necesarios e imprescindibles que de forma directa afectan e influyen de forma positiva en la movilización ciudadana para lograr el objetivo a través de la acción colectiva. Los logros alcanzados en igualdad política se han logrado gracias a la movilización de grandes masas de ciudadanos movidos por la pasión que genera la distribución desigual de los recursos, así como el trato desigual en derechos y obligaciones y, ello movido desde el ámbito que ostenta el poder, bien sea político o económico.
Estamos todos de acuerdo que la Democracia es el sistema político en el que se pueden alcanzar las máximas cuotas de igualdad política, pero: ¿de qué manera podemos los ciudadanos participar en el actual sistema democrático para lograr influir en quien tiene el poder de decisión política? Un gran número de ciudadanos identifican la “igualdad política” con el derecho al sufragio universal; el derecho a votar y elegir a gobiernos[1], convencidos de que no existe otra forma de participar con el objetivo claro de influir de manera decisiva en el diseño de las políticas públicas. No es cierto.
Asistimos a una constante expansión y distribución de los centros de poder e influencia.  Cada vez son más evidentes la influencia de los medios de comunicación en la generación de opinión pública con diferentes objetivos, no mostrados de forma previa, y que consiguen persuadir, convencer y movilizar a un gran número de ciudadanos al objeto, de que mediante esta movilización, se logre penetrar en la agenda política influyendo en las decisiones. La importancia de los medios de comunicación en las democracias es vital, como en ese sentido se manifestó Benjamin Constant al considerar la libertad de prensa como una de las más importantes libertades sociales, ya que a través de ellos se logra llegar al máximo número de receptores, siendo el instrumento de persuasión y difusión y causante de la “disfunción narcotizante” de la información más relevante en la actualidad. Lenguaje persuasivo y llegar al máximo número de receptores son instrumentos idóneos para crear opinión pública, “privatizarla” como condenaba Gil Calvo[2], y a través de ella, lograr la movilización ciudadana capaz de influir en la toma de decisiones políticas.
Los instrumentos de persuasión se desarrollan en múltiples ocasiones en el ámbito de la manipulación e incluso la violencia, como ocurre con los grupos terroristas. Esto fue desarrollado y analizado por Carl Schmitt y Freund[3], como la relación “amigo-enemigo”. Esto es, explicado en palabras de N. Bobbio: “conflictos que no pueden ser resueltos en última instancia si no es a través de la fuerza, o que, por lo menos, justifican, de parte de los contendientes, el recurso a la fuerza para poner fin a la discusión”[4]. Parece que todo vale al objeto de lograr influir en la toma de decisiones políticas. En este todo vale, por supuesto, se encuentra la manipulación informativa por parte de los medios y grupos de poder y por tanto presión, que quieren forzar un cambio a su favor, bien sea en la generación de opinión o en el centro de toma de decisiones políticas.
Pero retomemos el concepto de igualdad, recordando las palabras que Abraham Lincoln lanzó a los “emotivistas” franceses creadores de La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano antes citados. Lo hizo con una pícara ampliación de información sutil que se les pasó por alto a los hombres de antaño: “todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”[5]. Es necesario analizar para saber si se corresponde a la realidad o a una utopía de difícil acceso para todas las sociedades en general, pues si de algo está cargada la palabra “igualdad”, como punto de partida, es de indeterminación de su significación; Balzac aseguraba que “la igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance a convertirla en hecho”[6]. Como acertadamente aconsejaba Norberto Bobbio, el primer paso es saber qué significa el término en el ámbito del lenguaje político, en el lenguaje de la persuasión. Para ello nada mejor que preguntarse: “a) ¿Igualdad entre quiénes?, y b) ¿Igualdad en qué?”[7]. Si partimos de la forma de formulación de las preguntas de Bobbio, nos daremos cuenta de que la igualdad sí es un pilar de la democracia, pero no implica un valor como pueda ser la libertad, sino un mecanismo de relación entre los entes de una totalidad.
La pregunta, ¿Igualdad entre quienes?, nos lleva inevitablemente a una comparativa entre otros hombres y nosotros mismos, lo que deja entrever que más que un valor, la igualdad implica un mecanismo, un método, para definir como serán las relaciones que deben darse dentro de esa sociedad. Es el caso de la afirmación: “Todos los hombres son iguales ante la ley”, la cual implica una relación que debe darse entre los hombres bajo el ámbito de la justicia o lo que es lo mismo, explicado bajo las palabras de Bobbio: “La regla de justicia presupone, (…) que se han elegido los criterios para establecer cuándo dos cosas deben considerarse equivalentes y cuándo dos personas deben considerarse equiparables”. Es decir, el modelo debe ser un marco de igualdad ante la ley –isonomía-, con un marco de libertad de expresión –isogoria-, o al menos, así debiera ser en teoría, pues, una igualdad que permita la pluralidad y la real igualdad de los seres libres, es el desiderátum de la democracia, cuestión que una vez más y para no perder costumbre, se pierde por la manipulación y los sesgos –influencia-, externos y ajenos a los valores morales de igualdad que legitima la justicia. Es quizá por ello que Jean-Jacques Rousseau afirmó sin que le temblase la pluma que: (…) la verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a regularlo? Como, precisamente, la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, hay que hacer que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.”[8]
Si bien en el ámbito de la ley y la justicia, la palabra igualdad toma un sentido claro y una posición neutral a las relaciones entre iguales para facilitar su propio mecanismo, la extensión a la frase: “Todos somos iguales” al ámbito del lenguaje político y por ende, dada la naturaleza del propio sistema democrático, la sociedad, adquiere un factor de valor obviado en su significación anterior de justicia, como así reconocía el filósofo italiano N. Bobbio.: “En el debate político la igualdad constituye un valor, mejor, uno de los valores fundamentales en los que las filosofías y las ideologías políticas de todos los tiempos se han inspirado”, pero como decía anteriormente, esto no deja de ser una falacia o una amalgama de positivismo mezclado con sueños ilusorios, pues no hay mayor surrealismo que llevar el término igualdad a “todos”, cuando somos conocedores de que hechos acontecidos en suelo terráqueo nos hacen negar esa premisa fantasma. Mayormente porque quiere dar a entender, con ese “todos” un tanto hostil a mi parecer, que sea cual sea el ámbito de aplicación de la igualdad, todos deberán serlo en la misma medida.
Evocar la igualdad en todo nos recuerda a los gobiernos comunistas o igualitarios, quienes acaban anulando recursos y libertades políticas importantes para el ciudadano como pueda ser la libertad y el reconocimiento de los valores individuales del individuo, en pos de una igualdad algo confusa y despiadada para el hombre libre que tanto costó parir a finales del s. XVIII, tratado en esa clase de sociedades como un sujeto genérico en que nada se distingue a los demás. Esto no sólo nos recuerda a los sistemas autocráticos, sino también al hombre masa, representación de la indigencia intelectual que un día pintaba con acierto Ortega y Gasset[9]: “Masa es aquel que no se valora a sí mismo –en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente igual a todo el mundo, y sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás”.  Creo que Gasset no deja lugar a dudas, ¿es positiva la igualdad entre todos en todos sus ámbitos? ¿No es una premisa y axioma indiscutible que la igualdad comienza cuando aceptamos que todos somos igual de diferentes? ¿No es la igualdad de derechos aquello que nos une haciendo que respetemos intrínsecamente aquello que nos diferencia?
En lo que concierne a igualdad democrática, normalmente mostrado al ciudadano a través del discurso político más pasional que real –como la Oración fúnebre a Pericles (Tucídices)-, influye en algo como pueda ser la igualdad de oportunidades. Si bien es cierto que nunca ha habido tantas oportunidades, es decir, opciones para todos, creo exagerado creer en la frase demagógica del político de pro que afirma “que nunca nos ha ido tan bien como ahora”. La creación de más oportunidades para todos, no debe dar lugar a pensar que todos los ciudadanos están realmente en igualdad de conseguirlas. Ralph Dahrendorf se refería así a la conflictiva definición de este término por parte de los franceses: “Desde que los expertos en relaciones públicas de la Revolución francesa unieron libertad, igualdad y fraternidad, han sido muchos los que han ratificado la compatibilidad de estos tres conceptos. He de confesar que, a mí, esta visión armoniosa no me convence. Las diferencias entre liberales, socialistas y comunitaristas no se pueden ocultar, ni siquiera bajo la cómoda imprecisión de una ‘tercera vía’. Libertad e igualdad son dos formas distintas de abordar las relaciones sociales. Quien busca ante todo igualdad, suele perder de vista la libertad”[10]. Como decía antes, la desigualdad o lo que es lo mismo, la diferencia, es uno de los componentes de la propia libertad, por lo que hay que empezar a preguntarse dónde está la línea que separa que la igualdad y la libertad se retroalimenten o la igualdad termine con el valor supremo de la libertad. En una sociedad libre, el espacio para sujetos diferentes es incalculable. ¿Qué hacer ante esto? ¿Cómo marcar qué es en lo que debemos ser todos iguales? Sin lugar a dudas, garantizando unas dotaciones básicas para todos, como pueden ser por ejemplo los derechos fundamentales del individuo, pero que en ningún caso acaparen medidas que pudieran ir en contra de los derechos individuales del hombre. Es por ello, que nuestra democracia puede verse como una democracia-liberal, sin que liberal signifique lo que significó antaño, sino más bien que todos los ciudadanos gocen de igual libertad, como decía Bobbio, “sean igualmente libres o iguales en el derecho a la libertad”.
Pero si algo está a la orden del día en nuestros actuales sistemas democráticos es la manipulación, el uso de un lenguaje político cargado de perversidad, que utiliza los valores básicos de la democracia llenándolos de valores populistas más banales que trascendentales, transformándolos en tópicos o golpes de pecho que nos damos pero que a efecto no llevamos. Partiendo de la misma palabra “democracia”, parece que entre todos le hemos fabricado un colchón donde asentarse totalmente hipócrita y falseado, sin más atisbo de democracia que la democracia directa practicada por los ciudadanos cuando se dirigen a una urna, las cuales, como decía J. Rancière: “no suelen estar atestadas y es posible cerciorarse de ello sin arriesgar la vida”. [11]Y es que parece haber quedado muy lejano aquel lema demócrata “un hombre, un voto” y menos cuando en países como España entra en juego la desigual Ley de D’Hondt que devalúa el voto del ciudadano de Soria con respecto al de Madrid.
Muy a pesar de ser conocedores de la historia y sus movimientos sociales, no parecemos haber aprendido de los errores ni aciertos del hombre antiguo. Tomando como referencia la “en exceso adorada” democracia de Atenas, vemos como a pesar de haber comprendido que las igualdades sociales no respetadas por los griegos, son de una importancia social que no es baladí, se nos olvidó lo que si hicieron bien: “la democracia directa”. Si bien Sartori está en lo cierto cuando afirma que el declive de la democracia de Atenas vino dado por “la hipertrofia de la política”, por lo que llega a la conclusión: “que la democracia indirecta, es decir, representativa, no es únicamente una atenuación de la democracia directa; es también un correctivo”[12], también es cierto que nosotros, la democracia directa no la hemos olido más que cuando nos acercamos con nuestro sobre blanco y “secreto” a la urna –quienes se acercan, claro- en un ejercicio de más manipulación sobre el ciudadano que veta su propia influencia sobre el sistema. Me explico. Si bien la elección de los candidatos que han de representarnos, se hace en un ejercicio de elección y libertad, esconde una manipulación del lenguaje político realmente alarmante para el que quiera ver: en realidad, estamos votando “en democracia” a un líder que ejercerá un mandato imperativo, vendido al pueblo como que en realidad es la masa quien gobierna. El caso es, que la mentira no sólo es despiadada al tener que reconocer que a pesar de los avances históricos e ideológicos, seguimos encontrándonos en una “oligarquía” envuelta en papel de democracia, disfrazada de incumplidas y falsas promesas que todos queremos creer. Promesas rotas que van desde “el gobierno de todos” a el gobierno de las mayorías, de la igualdad de todos, a la igualdad del aventajado y no por meritocracia, de la democracia representativa a la representación de los intereses particulares afincados en una caduca y mediocre clase política aficionada más a la poltrona que a la búsqueda de intereses de la comunidad. Con esto no quiero ni mucho menos decir, que los partidos políticos sean innecesarios en una democracia, pues esta afirmación se caería por su propia incoherencia. Ahora bien, lo que sí son innecesarios, son los partidos que hoy el individualismo egoísta reinante ha creado: basados en la manipulación mediática a través de la aprobación de políticas populistas que se camelan gran parte de la opinión pública a través de la privatización de su opinión, llevándoselos al bolsillo sin ningún pudor moral de cómo el fin para ellos justifica los medios. Son los políticos y los medios de comunicación  de masas, los protagonistas que ejercen la manipulación más absoluta de la verdad y la transparencia política, alterando con ello el verdadero espíritu del sistema democrático, desprestigiándolo y por ende, dándoles la razón a todos aquellos autores que han escrito ríos de tinta sobre el futuro negro y oscuro de la democracia. Son muchos los que alertan, que, por lo general, las democracias tienen tendencia a acabar en corrupción, y la verdad, viendo la situación a nivel mundial de las democracias actuales, hemos de reconocer que en el fondo todos sabemos cómo está empedrado el camino del infierno, y se parece mucho a lo que cada día políticos, medios de comunicación y grupos de presión dibujan para nosotros. 

Ante esta presión de los grupos de poder, obsesionados en aplastar las minorías que conviven con ellos y al ciudadano que “osa” tomar una actitud cívica, esto es, de compromiso con su comunidad, vea cada más imposibilitado ejercer su influencia sobre ese mal vendido “gobierno de todos”. Para la sociedad civil organizada no abonada al Vip-Club del poder, sólo queda la presión a través de asociaciones civiles, pero su repercusión mediática, una vez más, está vendida al antojo de los directores de los medios de comunicación. La información privatizada, sin control y con amplios vacios legales que confirman la regla de “la casa siempre gana”, hacen al “ciudadano cívico”, mermar sus fuerzas al darse cuenta de que como ciudadano independiente es totalmente falso que tenga ninguna clase de influencia si no es “apadrinado” por un grupo de presión legitimado por la sociedad –una vez más, por la mayoría-. Al mermar las fuerzas, llega la apatía hacia el sentir público o patrio, y con ello la inactividad y su consecuente disfunción narcotizante. Jacques Ranciére irónicamente me lleva la contraria, afirmando que “no es verdad que estemos asistiendo a un avance irrefrenable de la abstención. Por el contrario, hay un elevado número de electores que persisten en movilizarse para elegir entre representantes equivalentes de una oligarquía de Estado que dio tantas pruebas de su mediocridad, cuando no de su corrupción, habría que ver más bien la señal de una admirable constancia cívica. Y la pasión democrática que daña tan fuertemente a los candidatos de gobierno no es capricho de consumidores, sino simplemente deseo de que la política signifique algo más que la alternativa entre oligarcas intercambiables.”[13] Lo peor de todo esto, es que una vez más nos percatamos de que muy a pesar de estar respaldados por una soberanía popular, esto no deja de ser más que un enunciado, totalmente contradictorio a cual es hoy la triste realidad de la democracia que convierte la frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, sino le gustan tengo otros” en el eslogan del sistema. Hagámonos la pregunta: ¿Somos los ciudadanos españoles “gobernadores” reales de nuestro “pueblo”? Está claro que no, “la soberanía popular es una manera de incluir el exceso democrático, de transformar en arché el principio anárquico de la singularidad política: el gobierno de los que no tienen título para gobernar”.[14]

Es así, a través de la constante manipulación del lenguaje político, proyectado a los ciudadanos a través de mítines vespertinos bien recogidos en los “partidistas” medios de comunicación, de tal forma que causen el mayor efecto deseado por los grupos de poder. De esta forma, es como el significado de la palabra democracia cae en el mayor de los eufemismos, tal que podríamos caer en otro emulando a Niestzche y afirmar que “La democracia y la libertad han muerto” y además, por las mismas razones que Niestzche y Freud “mataron” a Dios: porque sus pilares y su análisis a través de la historia no son suficientemente fuertes como para servir de parangón y base de un sistema político fuerte y realmente representativo para los ciudadanos, sin dejar que políticos mediocres y poco preparados para el oficio de gobernar, terminen de dar el golpe de gracia a nuestros derruidos principios y fundamentos democráticos.

Hoy, “la polémica dibuja el retrato-robot del hombre democrático: joven consumidor imbécil de pop-corn, de telerrealidad, de safe sex, de seguridad social, de derecho a la diferencia y de ilusiones anticapitalistas o altermundistas. Con él, los denunciantes tienen lo que necesitan: el culpable absoluto de un mal irremediable. No un pequeño culpable, sino un gran culpable, causante no sólo del imperio del mercado al que los denunciantes se amoldan, sino de la ruina de la civilización y la humanidad”.[15]

Sin lugar a dudas, ese “exceso democrático” del que hablaba antes, es uno de los causantes de la manipulación de la democracia a través de la influencia de grupos de presión, medios de comunicación, vendedores de realidades paralelas que han de encontrarse perdidos en el pueblo “Utopía” de Tomás Moro, pues que sepamos, aún ninguno conocemos qué es en realidad disfrutar de un sistema democrático.

Como decía Kant: “del retorcido tronco de la humanidad no ha salido nunca nada derecho”. Stuart Mill creía fervientemente en esta afirmación. Yo, visto lo visto, creo firmemente que también. Eso sí, mi moral cívica no me permite ser más que optimista a la espera del cambio.

Otra democracia, es posible.




[1] Schumpeter, J.S. Capitalismo, socialismo y democracia. Ed. Folio, 1984, Barcelona, pág. 338 “(…)en realidad, el pueblo no plantea ni decide las controversias, sino que estas cuestiones, que determinan su destino, se plantean y deciden normalmente para el pueblo.”
[2] Gil Calvo, “La privatización de la opinión pública”
[3] Citado por N. Bobbio en “Política, moral, derecho”. Pág. 186.
[4] N. Bobbio “Política, moral, derecho”. Pág. 188.
[5] Abraham Lincoln, 16º Presidente de los EEUU (1809-1865)
[6] Honore de Balzac, novelista francés (1799-1850)
[7] N. Bobbio, Igualdad y libertad, pág. 54
[8] Rousseau, “El contrato social”.
[9] Ortega y Gasset, “La rebelión de las masas”.
[11] Jacques Rancière, “El odio a la democracia”
[12] Sartori, “Democracia”.
[13] J. Rancière, “El odio a la democracia”.
[14] J. Rancière, “El odio a la democracia”.
[15] Jacques Rancière, “El odio a la democracia”

viernes, 2 de marzo de 2012

Democracia de salón (1ª Parte)



 "El hombre es el animal más depredador"

Nietzsche y Hegel, en un aforismo tan suspicaz como inteligente, afirmaron hace años que “Dios había muerto”. Supongo, que si hoy volvieran a vivir en nuestra sociedad además de llevarse las manos a la cabeza –cada uno por sus causas-, podrían afirmar lo mismo de la Libertad, pues es otra por la que creo -dada la trayectoria que llevamos- por la que tendremos que llorar su muerte y esculpir un RIP del mismo nivel de nuestra falta de vergüenza, por ser poseedores de tantos litros de horchata en nuestras venas. Valga el paradigma, para expresar e intentar analizar las faltas de libertades cada vez más latentes que vivimos en nuestra vida cotidiana. La democracia y sus promesas parecen haberse empapado de una tibia y roñosa escarcha, en el que las buenas ideas e intenciones que se marcaron en la Transición han quedado igual de congeladas que Walt Disney: en un baúl muy bonito lleno de cuentos de hadas.

Si bien Niestzche y Hegel en su expresión “Dios ha muerto” querían indicar que las creencias sobre Dios y su historia no son suficientemente fuertes como para servir de parangón y base de la moral y la teleología, hoy se podría afirmar que la libertad ha muerto por las mismas razones, pues parece que ha perdido la fuerza que un día la llevó a ser un derecho innato en el ciudadano. Supongo que si los liberales de Cádiz levantarán la cabeza, tendrían mucho que decirnos al respecto.

Pero no piensen que toda la culpa de que nuestra democracia sea una estafa muy académica y poco práctica es únicamente de los mediocres políticos que dirigen España u otros países como Italia –por poner un ejemplo de clara mediocridad política-, sino que también lo es y me vas a perdonar, en gran parte culpa tuya. Tuya, mía y de todos. Siento que en estos momentos la democracia está estancada, dando vueltas en círculo sobre sus falsas promesas y sus falsas virtudes. 

Llegados a este punto, es de intuir que algún lector crítico empezará a no estar de acuerdo conmigo y pensará que no son tantas las libertades que nos faltan y que por lo general, se cumplen los puntos básicos que exige la democracia para ser legitimada como tal. Meeeec. Error. Son tantos los puntos que no se cumplen, que uno llega a pensar si la corriente de esta nuestra sociedad, no es ceder al poder oligárquico o tecnocrático y dejarse de complicaciones. Y es que la libertad es así: parece venderse muy cara. La piel de revolucionario se las ponen lobos encubiertos en piel de oveja, mientras con sus patitas de animal recorren el camino hacia sus fines espurios alejados del bien de la comunidad.

¡Nunca hemos estado tan bien! ¡Podemos votar!

 

Este es uno de los argumentos que más me ha tocado oír en defensa de la legitimidad de nuestra demacrada democracia. Al parecer, el tener derecho a voto sigue siendo una alegría, cosa que si bien hace años pudo ser motivo de celebración, hoy es síntoma de normalidad. Todavía no he visto a ningún afroamericano estar contento porque hace un siglo se abolió la esclavitud y porque ya no recogen algodón ¿Alguna moral, a día de hoy, podría dudar de que fuese de otra forma? Si se hubieran anclado en esa idea, el avance por la defensa de sus derechos se hubiera paralizado en aquel preciso instante y no hubiera avanzado con la fuerza que este colectivo ha alcanzado a base de un amargo esfuerzo.

En 1957, el político Harold Macmillan de origen británico, recientemente ascendido a primer ministro, pronunció un discurso en Bedford que pasó a la historia por la siguiente afirmación y me supongo que también, por ser la demagogia con la que se consuelan nuestros conciudadanos:

“Seamos sinceros, a la mayoría de nosotros nunca nos ha ido tan bien como ahora. Recorred el país, las grandes ciudades, los pueblos pequeños, y encontraréis un bienestar que jamás habéis visto antes, al menos en la historia de este país”.

Según afirma Ralf Dahrendorf acerca de este discurso: “[...]los políticos suelen vanagloriarse de decir ‘verdades incómodas’; por eso raras veces hablan como Harold Macmillan, pues su verdad es, por decirlo así, una ‘verdad cómoda’”[1]. Efectivamente, con el paso de los años se ha ido creando bienestar para todos, pero también hay que tener en cuenta “bienestar comparado con qué” o “bienestar mínimo para no levantar al país según se decida qué”. No hemos de olvidar que el producto nacional bruto per cápita, no es el único parámetro que debemos tener en cuenta, sino también tasas como el Índice de Desarrollo Humano que indica los valores del nivel cultural, ingresos percibidos y esperanza de vida.

Es cierto que si bien la ampliación de las libertades no ha seguido un camino continuo y lleno de triunfos periódicos, nunca nos ha ido tan bien como ahora, pero como afirma el mismo Dahrendorf, tras esta afirmación está “el gran pero…”. Peros que el mismo politólogo define bajo enunciados tales como: “Pero ¿y la felicidad?”, “Pero ¿para siempre?”, “Pero ¿para todos?”… Preguntas para los que todos tenemos la respuesta pero a la que no nos atrevemos a enfrentarnos. Es demasiado el trabajo que requiere y poco el estímulo del ciudadano por cambiar las cosas. El individuo, ha caído en las garras de la disfunción narcotizante que, a causa de los políticos y sus políticas, amenazan con gravedad la estabilidad, permanencia y legitimidad de los actuales países democráticos, ya que la tiranización de los “amigos de la poltrona” parece ganar en cabeza a los que estamos en el bando del movimiento ciudadano.

Al igual que Dahrendorf, yo tampoco me atrevería a afirmar que los hombres del año 2009 son más felices que los de 1957: “La experiencia humana de la felicidad y de la desgracia confirma más bien el dicho popular de que la vida tiene muchos altibajos, tantos como índices de bienestar de los economistas”[2]. Se puede imaginar uno claramente que ejercer por veces primeras las libertades que nos abrían las recientes estrenadas democracias, bellas y relucientes en sus inicios, eran muchísimo más estimulantes de lo que esos principios, como el sufragio de todos los ciudadanos, son ahora.

Quizás la felicidad, al igual que el bienestar y el progreso, sea demasiado abstracta como para poder emplearla para medir parámetros de desarrollo social. Ante esta encrucijada de cómo medir el nivel de bienestar de los ciudadanos en una democracia, Dahrendorf plantea la pregunta: “¿Qué otro concepto podría sernos de ayuda en esta tarea?” Sin lugar a dudas la respuesta es transparente: la libertad. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, afirmaba con implacable coherencia que: “En este sentido, el progreso es el proceso de ampliación de las libertades humanas”.

Unido al concepto de medir el nivel de progreso de un país y analizar los parámetros de democracia que actúan en él, otra pregunta indispensable es “¿Para todos?" Ninguno tenemos lugar a dudas, de que en un estado democrático las oportunidades para todos han de brillar por su presencia y nunca por su ausencia. Echa un vistazo al mundo ahora que estamos a solas: ¿Qué ves? ¿Hay una clara y transparente igualdad de oportunidades? Centrémonos en lo que nos atañe: ¿ves una clara igualdad de oportunidades en los países que se ponen de sello “soy democrático”? Miremos más de cerca todavía… ¿Percibes igualdad de oportunidades en España?

Tengamos en cuenta que si por algo resaltan las oportunidades, es por significar opciones, lo que es lo mismo a tener un abanico de posibilidades donde elegir. Es evidente que si todos vistiéramos igual, nos cortáramos el pelo igual y fuéramos vestiditos de verde, una de dos: o nos habríamos vuelto marcianos o viviríamos en un régimen autoritario. Las opciones, posibilidades y oportunidades significan derechos, más allá del concepto de lo que “es básico”. Derechos fundamentales que se presuponen, como es natural, en regímenes democráticos. Pero para que funcionen las oportunidades intrínsecamente ha de existir algo más: las ofertas de las mismas. No puedo negar que en España, desde el fin de la dictadura y la tiranía de Francisco Franco, la ampliación de los derechos de los ciudadanos españoles ha crecido notablemente, PERO tampoco se puede obviar que el alcance de esos derechos ya son historia y configuran méritos de progreso de los que ahora, por la trayectoria de nuestras pobres hazañas y mezquina ampliación de libertades, podamos vanagloriarnos. “Deberíamos ser muy cautos al afirmar que otros todavía no han llegado al punto en el que nosotros nos encontramos. Es posible que todos nuestros logros sean destruidos, por enemigos exteriores o por el potencial suicida de nuestra propia acción. La destrucción del medio ambiente, la amenaza nuclear o el odio del perdedor son algunos ejemplos.”[3]

Si analizáis el desarrollo de la sociedad española, la ampliación de derechos siempre va acompañada de polémica, unas veces mojigata y otras veces tan sólo populista, que en ningún caso marca ninguna corriente ideológica digna de ser reseñada. Aunque empiezan a oírse medias voces disidentes que empiezan a no tener garganta para tragar más, la sociedad improvisa y usa esa técnica vulgar para enfrentar los problemas al igual que hace José Luís Rodríguez Zapatero, pero le cuesta a horrores organizarse dignamente en la sociedad civil. Hemos perdido el rumbo de las ideas para cambiarlo por el rumbo de la codicia, la corrupción y las poltronas ocupadas por necios tiranos que no hacen más que empobrecer los valores con los que la sociedad liberal nació. Francis Fukuyama es más radical y negativo y habla de esta conducta conformista y sin ideología como “el fin de la historia”, mientras afirma que “La idea liberal se ha mostrado victoriosa”. Como hemos alcanzado un punto “en el que  nos resulta imposible imaginar un mundo esencialmente distinto del nuestro, en el que el futuro no puede traernos una evidente mejora sustancial del orden existente, debemos considerar la posibilidad de que la historia haya tocado a su fin”.

Quiero negarme a creer esto que afirma Fukuyama. No es posible que las ideas, las corrientes y el pensamiento libre hayan ido a parar a las bibliotecas de Alejandría y ninguna fuerza liberal exista en este cementerio político de memeces y desvaríos, capaz de coger la democracia por los cuernos mientras al unísono ciudadano clama por la libertad. Eso sólo puede ser síntoma de que nuestra sociedad está enfermando en la peor de las infecciones morales: la apatía y el conformismo hacia la clase de sistema político y social al que nos vamos acercarndo peligrosamente, donde por primera vez tras la revolución liberal, el ciudadano, el ser humano en sí mismo, es relegado al final de una lista burocrática en la que es mandado a callar, sirviendo como ejemplo el estudiante del otro día en el Congreso quien ,con admirable osadía, se atrevió a decir una verdad incómoda -o como un templo- que le costó el ser interrumpido en su discurso y posteriormente, ser obligado a abandonar el atril del hemiciclo. Cosas,... que pasan en España.

Además de la irreal y carencia visible de igualdad de oportunidades para todos, existen otras muchas falsas promesas de la democracia como decía al principio. Váis a poder comprobar cómo suspendemos en casi todas y como nuestra democracia ha pasado a ser un arma demagoga, maniquea y academicista de nuestros políticos de salón.

 

Continuará…




[1] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.
[2] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.
[3] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.

lunes, 25 de octubre de 2010

Esperanto (Por Andrea Greppi)

ANDREA GREPPI






En los vuelos de una compañía aérea, entre avisos de seguridad y otros mensajes publicitarios, se informa a los pasajeros que cualquier daño al equipamiento del aparato «podría resultar en prosecución». Sí, ha leído usted bien. Éstas son las palabras literales que se repiten cientos de veces al día desde los altavoces de una compañía muy popular. Supongo que se pretende decir que la compañía emprenderá acciones legales contra los vándalos y los descuidados. Pero como hablar así suena demasiado serio, y al cliente es preferible no molestarle demasiado, salvo cuando hay que venderle algo, es natural que los expertos en marketing hayan buscado otra manera, más fina, para contar las cosas. Se dirá que en ese anuncio no hay más que una mala traducción del inglés. No, no lo es. Traducir es pasar de un idioma a otro, con el inevitable margen de error que eso supone. Pero pasar del inglés a un idioma inexistente, no es traducir. Entiendo que la culpa no es de la locutora de la cuña pregrabada -la voz, por descontado, es femenina- por más que su acento sea indefinido y su entonación improbable. Tampoco de los tripulantes, que vienen de cualquier lado y hablan cualquier cosa. O mejor dicho, hablan esa lengua especial que se utiliza en los sitios de paso y que va pareciéndose, cada vez más, al esperanto, el idioma mitológico que todos los que no manejamos con soltura las lenguas extranjeras quisiéramos hablar en determinadas situaciones. Es probablemente también el idioma de las escuelas (llamadas) bilingües cuando se les pide a los maestros que transmitan -vehiculen- los conocimientos y las (llamadas) habilidades en una lengua que no es la suya, y que seguramente no han escuchado lo suficiente. Lo digo por el inglés, porque no quiero meterme en el jardín de las nacionalidades. 
No hay nada raro, ni nada malo en todo esto, salvo porque, mientras vayan así las cosas, es difícil que los niños descubran el respeto por la palabra hablada. Para ellos, la lengua es un vehículo. Por supuesto, no se le puede exigir a las compañías aéreas el cultivo de la lengua, pero sí a las instituciones educativas. Por ahora, lo que está claro es que algo ha fallado en la educación de las miles de personas que se suben cada día a esos aviones y no protestan cuando oyen decir «prosecución». Porque si la gente se quejara, es seguro que la cinta la habrían cambiado. Y no me digan que todo esto es no es más que un ataque de purismo. El adiestramiento del oído a los matices de las lenguas viene antes que otras muchas cosas que es necesario aprender. Luego, si no han perdido aún la paciencia, podremos ponernos a hablar de lo mal o bien que va la escuela, y de lo importante que es la formación para salir del paro.

jueves, 14 de octubre de 2010

FACHAS EN EL DESFILE

ÁNGEL SORIA



El Boletín Oficial del Estado Zapatético en sus dos versiones subvencionadas: PRISA y LA SEXTA, han abierto sus ediciones con la versión oficial posterior del Gobierno y la PSOE. Así, para la PSOE auténtica -no la marca blanca, que aún no se ha manifestado- los ciudadanos que abuchearon, pitaron y pidieron la dimisión de Zapatero eran poco menos que un comando facha organizado por la derechona y, seguramente, por Aznar y el trío de las Azores.
 
Doña Carme Chacón, ministra de la mili, ha anunciado “que el Gobierno va a convocar a todos los grupos parlamentarios para consensuar un protocolo de celebración de la Fiesta Nacional y así evitar los abucheos a Zapatero”. No al presidente de gobierno en el próximo desfile; no. A Zapatero. O sea, que en lo que queda de España no hemos conseguido un solo consenso a lo largo de dos legislaturas y ahora vamos a llegar a un consenso para evitar que Zapatero tenga que oír las quejas de sus sufridos paganos. ¿Cómo piensas evitarlo, Carme?. Yo tengo una idea. En primer lugar se construye una urna de metacrilato y se la dota de un cochecillo que vaya tirando de ella; algo así como el papa-móvil, pero que se podría llamar el Zapa-movil. A continuación se dota a la ciudadanía de un carné anti-facha, que han de enseñar el día del desfile del año próximo. Quien no lo posea será detenido y llevado a las Chafarinas a un Gulag que se construirá al efecto y en el que se leerán discursos las veinticuatro horas del día de Pepe Bono y de Rosa Díez. En tercer lugar, y caso de que alguno se haya escapado, se dotará la mejor tirador de la legión de balas dum-dum para que dispare a quien ose chiflar o gritar a monseñor Zapatero. Como puedes comprobar, Carme, esto es solo una idea; seguro que el resto de españoles tiene otras muchas para evitar este escarnio.
Don Pepiño White, con gafas o sin ellas, sí observó a los fachas “Estamos acostumbrados a que la derecha extrema no respete nada ni siquiera el homenaje a los muertos”. ¿A qué muertos te refieres, Pepiño? ¿A los de tu memoria histriónica? ¿A los que queréis desenterrar del Valle de los Caídos? ¿O quizás te refieres a Lasa y Zabala?.
 
Sin embargo quien se lleva la palma es la aspirante-trampa a primogénita de la Comunidad de Madrid, Doña Trinidad Jiménez, más conocida como Trini Puede. Dice doña Trini que ella no lo vio, pero asegura que eran “colectivos organizados”. Vamos, que lo que quiso decir era “Yo, como siempre, estaba en las nubes, pero dice mi partido que eran fachas organizados”. Don Pepe Bono, alias el aspirina, por la cantidad de propiedades que posee, dice que “el día de la fiesta nacional se insulta al presidente de modo vergonzoso y descarado". El día de la fiesta nacional, Pepito, lo único vergonzoso y descarado, además de injusto y preconcebido, fue el desplante de Zapatero cuando no levantó su ilustre culo al paso de la bandera de un país aliado que había sido invitado al desfile.
 
Pero abundando les diría que el único colectivo (repasa, Trini, el significado en el DRAE, del palabro) que pitó a Zapatero con ahínco fueron los liberados sindicales en la plaza de toros días antes de la mal llamada huelga general; que los únicos que se tenían lazos profesionales, laborales, etc. -según dice el DRAE- eran los sindicalistas y huelguistas que gritaron durante todo el día “Zapatero dimisión”. ¡Que diferencia de trato a aquellos que lo gritan durante una huelga y los que lo hacen en el desfile!. Los unos honrados trabajadores que sufren la maldad de la banca mundial y el gasto suntuario de Ruiz Gallardón y los otros fachas de la derecha extrema. Pues vale, para vosotros la perra gorda.
 
¿Para cuando, Carme, medidas para acallar a los filoterroristas que se manifiestan llamando Estado asesino y acusando falazmente de torturas a la Policía y a la Guardia Civil? ¿Para cuando el desmantelamiento de los ayuntamientos que tienen entre sus concejales a terroristas? ¿Son, señores ministros y voceros socialistas, fachas estos personajes?
 
No estuve en el desfile, aunque fui testigo por televisión y radio de los abucheos al presidente del gobierno. Y no fui al desfile porque ya me tocó desfilar dos veces durante la mili y tengo llena la cartilla de asistencia, pero les aseguro que si en algo me identifico con lo ocurrido ayer en la parada militar fue, precisamente, esos abucheos y esos pitidos. Ahora, podéis llamarme facha, pero mientras tanto, ¡Zapatero dimisión!. Piiiiiiit.

CODA: Otro que tal anda, es Celestino Corbacho, quien dice dejar su cargo con la "satisfacción" de que durante su mandato España haya tenido el "mayor el porcentaje de protección social" de la historia. Es decir, el mayor número de parados de la historia de España. ¿Que, Zapatero, nos dejas pitar a este zangano, o también vais a blindarle?

viernes, 8 de octubre de 2010

Mitos pasajeros


La crisis social y económica empieza a calar en los hábitos culturales



Se habla en estos días del enésimo golpe sufrido por el ciclismo y, a cuento de eso, de credibilidad e ilusiones, conjuras y mentiras, promesas y mala imagen. Palabras gruesas. Dejaré de lado la vertiente personal del caso Contador. Es demasiado fácil convertir a quien es inocente hasta prueba contraria en presunto culpable. Lo que me interesa es llamar la atención sobre la carga simbólica que rodea las gestas del deporte, los valores, emociones y sueños que se proyectan sobre ellos. 
Resulta desconcertante el contraste entre la proliferación de glorias deportivas nacionales y el goteo de cierres, locales vacíos, naves cerradas, obras paradas. Alguien dirá que el consumo de mitos deportivos no es un mal consuelo para las penas de la gente. Por lo menos es inocuo. A mí me parece, en cambio, que un mal consuelo no es un consuelo. Por más que el panteón de los héroes deportivos siga pletórico, la distancia entre lo que parece y lo que es nos obliga a poner en marcha un nuevo proceso de ajuste, pero esta vez en las expectativas, una reconversión y un recorte en el uso de imaginarios del pasado. ¿Por dónde anda la España que triunfa? ¿A qué distancia está de la vida cotidiana de los españoles? 
Para salir de esta crisis hay que desprenderse de varios mitos heredados del pasado. No explotan solo las burbujas. También lo hacen los símbolos, que también están expuestos a la fatiga de los materiales. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la huelga de la pasada semana. La mayor lección que nos ha dejado, cumplido el tramite, es el desgaste de los mensajes -¡que rectifiquen!- y de los referentes -¡la clase trabajadora!-. Palabras que han perdido su fuerza, que vienen de otra época. La sociedad del espectáculo (Debord) es implacable cuando se trata de poner al descubierto la falta de profundidad de las representaciones y las banderas (Jameson). Está a la vista, para quien quiera verlo. 
Es urgente, por tanto, revisar algunos de los mitos en los que se supone que seguimos creyendo. Será útil plantearse, volviendo al caso que nos ocupa, si de veras queremos seguir compensando el optimismo perdido con la inflación de eventos deportivos. Y, de paso, si queremos seguir esponsorizando, a menudo con dinero del contribuyente, el ciclismo, las regatas, las carreras, los equipos de futbol y las hasta olimpiadas. ¿Son buenos negocios? Puede que lo sean, o lo hayan sido, pero quizá haya otras inversiones que son más rentables a la larga, más útiles para restablecer el ánimo de los ciudadanos. ¿La alternativa es la austeridad? Probablemente sí, aunque incluso la austeridad, sin excesos. De momento, para plantarle cara a la crisis, mirando al otoño, sobran campeones y faltan paseos en bici.

jueves, 7 de octubre de 2010

LA TARARA

ÁNGEL SORIA



Hay gente que tiene una especie capacidad para mear contra el viento y luego quejarse porque se moja. El coordinador de la Cosa en La Rioja ha escrito en los papeles que el partido de Rosa Díez “nació con la intención de regenerar la vida democrática”. Dice: “Creemos que la perpetuación en los cargos conduce al clientelismo y dificulta la necesaria renovación. Facilita además la presencia en la vida pública de personas sin otra actividad que la política. Personas sin bagaje personal cuya única preocupación es conservar su cargo porque no tienen otra ocupación”. Pues oiga usted, lo ha calcado. Mejor retrato de la portacoz y sus cuates no ha podido usted mostrarnos. Yo sé que puede parecer un título de película porno pero sería algo así como “La telefonista, el liberado y el falso catedrático”. Visten ustedes a Josele Román, Pajares y Esteso de color magenta y ¡hala! a pedir la subvención a Sinde. Y luego quiere el Navegante organizar un teatrillo, ¡como que hace falta mucha imaginación para este esperpento!.
 
Pero es que luego, nos ofrece el resto del pack: las primarias; para decir que su partido es el único en España en el que la totalidad de sus militantes tienen la posibilidad de elegir por sufragio directo al máximo responsable. Añade que bajo estas premisas, de máxima participación y transparencia fue elegida Rosa Díez en nuestro congreso nacional. Añade que los candidatos concurrirán sin avales ni oscuros procesos controlados por burócratas de partido, más preocupados por su puesto de trabajo que por los intereses de los militantes. Y para muestra los botones de García Nosecuantos, el Bambas y Caballero, (el del ponche no; el de Alcobendas), Figalgus interruptus, etc. Claro, que a continuación dice que “las elecciones primarias, convocadas con el interés sincero de que participen todos los militantes, no aseguran la democracia interna en un partido”. Bueno, pues mira que bien. Después de tanta matraca, resulta que primero dices una cosa y, a continuación, la contraria. Si es que estos tienen la patente.

La Tarara sí,
la Tarara no,
la Tarara madre
que la bailo yo

Y es que todo se pega, hasta la modestia y Lomba. Verán. Rosa Díez, la dueña del partido homónimo, ha defendido en el Congreso la necesidad de reformar la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) para elevar a 400 el número de diputados y así adecuarla a criterios de representación más proporcional. O sea, cincuenta paniaguados más. Es que, dice, «no se sostiene» el «escaso» número de diputados que fija la LOREG (350, según el artículo 162. 1) cuando se puede llegar, según la Constitución, a 400; algo, dice, «más coherente» con los criterios de representación proporcional. Bueno, pues dos días después propone reducir un 70 por ciento el número de ayuntamientos para ahorrar gastos de las administraciones. ¿Y por qué no propone eliminar más parlamentarios tanto en el Parlamento español, como en Europa y en el vasco?. Hombre, porque allí tienen ellos intereses. ¡No te jode!. Como el chiste de los comunistas y la bici. Y para que nos demos cuenta, dice La Ambición Rubia, que ahí están los ejemplos europeos. Países que han de ser para España espejo donde mirarse. Bélgica y Grecia. ¡Vaya ejemplos!, txapelduna.

La Tarara sí,
la Tarara no,
la Tarara madre
que la bailo yo

Finalmente, la dueña del partido de Rosa Díez, declaró en Guadalajara que “quiere limitar su gasto electoral concurriendo en las municipales sólo a las capitales de provincia y localidades de más de 50.000 habitantes”. Debido a estas declaraciones le salió de naja el coordinador de la Cosa pues pensaba que se quedaba con el paracaídas abierto sin saber si sube o baja, que diría el falso catedrático.

La Tarara sí,
la Tarara no,
la Tarara madreque la bailo yo

La propuesta de UPyD es la devolución al Estado de las transferencias que se ha visto, no funcionan cuando son asumidas por las Comunidades Autónomas. Veamos un ejemplo práctico. El Estado transfiere las competencias de Educación a una Comunidad Autónoma -pongamos el País Vasco- y que a la vez que las competencias, se traspasa a los funcionarios -liberados, fijos y mediopensionistas-. Pasado un tiempo un funcionario-sindicalista-liberado es re-transferido a Madrid, creándose la figura de la contratransferencia porque, no es que no funcione, es que el liberado del ejemplo se ha buscado, además del momio funcionarial, otro que le reporta pingües beneficios. Pongamos que hablo de un partido político donde colocarlo de responsable de organización. Ese partido en el que ha subido/bajado el paracaidista sindical re-transferido ¿es el que va a regenerar la democracia?. Pongamos otro ejemplo. Una universidad de una Comunidad Autónoma tiene entre sus empleados a un profesor que pide su trasladado a Madrid y crea una nueva modalidad de estudio: La universidad en la distancia, que es a la UNED lo que UPyD a la Democracia. ¿Este profesor será quien promueva un movimiento de regeneración democrática?. Imaginemos un tercer escenario de regeneración democrática: Una lideresa de un partido cualquiera -no de cualquier partido- se dirige a sus afiliados en un Congreso y, para dar cuenta de las cuentas, lo que ofrece son cuentos. Los afiliados en virtud de su derecho y de su obligación le piden explicaciones sobre una partida que dice: Picos, palas y azadones: 100 millones. La lideresa monta en cólera y tras llamar batasunos a sus militantes amenaza al afiliado con una demanda ante los Tribunales. ¿Este es el partido que va a regenerar la política? ¿Estas tres patas son suficientes para sostener el banco de la res pública?.

La Tarara sí,la Tarara no,
la Tarara madreque la bailo yo


Y es que, como tenemos tanta suerte con nuestros partidos y partidillos, hemos de dar la enhorabuena a la política nacional. La política ya tiene quien la regenere. Ahora bien; ¿quién regenera a UPyD?

CODA: Dice textualmente el Partido de Rosa Díez en su Informe sobre la Eficiencia de las Administraciones Locales de España “eliminación de redundancias”. ¡Hosti, Gorkita!, ojo ¿eh?. Mientras, canta Violeta en La Traviata Misterioso altero,/croce e delizia al cor...
 
Por cierto; un chiste. ¿Sabéis cuantos afiliados tiene la Cosa? Rosa Díez, Gorriarán, once y Fabo, doce.
 
OTRA CODA PARA JULITO: Julito es concejal de un partido segoviano al que le han puesto de Coordinador de la Cosa en Segovia. Como todos ustedes saben el lorito real, devenido en cotorra, anunció que todo el que fuese a su partido tendría que hacerlo con la dimisión presentada. Se conoce que a Julito le cantaron La Tarara y no tuvo que dejarlo. Pero ojo, Julito que con el documento sobre ayuntamientos en Segovia sólo quedarían como están las localidades de Segovia, Cuéllar, San Ildefonso/Valsaín. ¿Sería por esto por lo que intentaron levantar los afiliados a la Agrupación Independiente de La Granja/Valsaín?.


miércoles, 6 de octubre de 2010

La cultura me cae mal

CARLOS ROVIRA



Es realmente curioso cómo de la forma más simple a veces nace una interesante reflexión. Contaré que andaba por calles madrileñas cuando a dos manzanas pude distinguir una cara conocida. Una amistad de hacía algún tiempo a la que tenía realmente aprecio. No dudé en acelerar el paso e incluso probé a correr, algo que sólo hago en caso de verdadera emergencia. Canalicé mis fatigas atraído por compartir un agradable momento con aquel individuo que tan buen rato me podía hacer pasar. Diré para los más curiosos que conseguí alcanzarle y disfruté de un momento agradable.

Fue poco después, en la misma calle, cuando aún con la sonrisa presente en mi cara pude dibujar un nuevo conocido entre el gentío. El emoticono “sonrisa” de mi rostro pronto dio la vuelta al paréntesis. Se trata también de una vieja amistad pero, en este caso, nada grata. Un tipo mentiroso, aprovechado, abusón desde los tiempos de la infancia gracias a su familia de dinero y buenas influencias. Una de esas personas que prefieres tener bien lejos. Ahí iba, con su porte chulesco mirando despectivamente desde un altar que ni siquiera él mismo había construido. Caprichos del azar, quizá absorto en planificar nuevas formas de extorsión, mi “amigo” no acertó a ver una zanja abierta para canalizar internet por fibra óptica. Todos sabemos que está feo desear el mal ajeno pero si éste viene solo… entonces sí podemos entonar un buen “que se joda”.

Planteadas las dos situaciones de “caso uno: me cae bien luego hasta hago un esfuerzo por acercarme y caso dos: qué tipo más asqueroso que hasta me divierte si algo no le va bien”, vamos con la siguiente eventualidad y resolución de la reflexión.

Ojeo por internet en mi móvil una curiosa noticia: “SGAE y Ministerio de Cultura víctimas de un ciberataque”. ¿Saben qué expresión me salió espontáneamente? Posiblemente la misma que pensaron ustedes: “Que se jodan”.

La reflexión, aunque obvia, es cómo algo supuestamente diseñado para defender y divulgar la cultura nos puede producir tanto rechazo ¿Por qué la gente iba a acercarse o interesarse por algo o alguien que no les simpatiza? Es momento, aunque creo que ya era momento hace bastante tiempo, de replantearse la imagen de una cultura que, este país, cae mal.

APOLOGÍA DE LA CIUDAD AMURALLADA

ÁNGEL SORIA



Esta era una ciudad cercada. Iba el adarve en derredor del caserío, con una cava muy honda al pie que le servía de precautoria defensa. Las almenas alternaban con los baluartes y las casas fuertes en el recinto bien torreado de la villa. En las peleas con el infiel hereje se habían levantado estos muros que la conferían rango de inexpugnable, pues alzaba su traza sobre una alta meseta desde la que se dominaba la fértil, extensa y risueña llanura. Dentro de la muralla se apretaban las calles encachadas, la plaza de soportales, los cien monasterios -uno por miembro del CD-, la catedral, el alcázar, los barrios antiguos, el mercado artesano, la cárcel -donde permanecían los expedientes inconclusos y las denuncias perdidas-. Había tres puertas, bien guardadas, una por cada miembro del trio de la benzina, que daban salida -nunca entrada- a la ciudad. En tremenda campaña, la hueste venció en distintas batallas al adversario hereje. Desde el altozano de la torre del homenaje, la encartada observaba orgullosa a su gente y la fortaleza que les mantenía al abrigo de cualquier sorpresa, escaramuza o soplo de libertad. En esta fortaleza viviría con su mesnada y para ello levantó la polis, o ciudad política. El obispo y los abades que con ardor habían combatido junto a los incontaminados y sus Ballesteros, prepararon un severo ritual de liturgias que llamaron fiestas primarias. La ceremonia era parte integrante de la vida ciudadana y en su mágico despliegue se exibían los mitos que aglutinaban la existencia cotidiana con la fuerza de lo carismático. Había con frecuencia misas pontificales a través del web y concelebraciones en las praderas mostoleñas y unción de caballeros y procesiones públicas, entre un ejército de pendones que poblaba la ciudad. Todo giraba en torno a la lucha y a su victorioso desenlace. La ciudad amurallada vivía su sueño de historia, ajena e indiferente a lo que la rodeaba, inmóvil en su fe a la encartada, anclada en el pasado, segura en su verdad, estática como las figuras de una portada románica, cada una en su estamento, en perpetua espera del designio final de quitar a otro para ponerle a él.
 
La guerra se había quedado atrás. El enemigo también. Con los años, los campos talados, las dehesas sin pasto, los montes sin árboles, que testimoniaban del ardor de la pelea, recobraban la verdura. Ganado, floresta y, en suma, la vida y la normalidad volvieron al rededor del burgo aislado. Las querellas heréticas diversas fueron cediendo cuando los tres sumos sacerdotes encargado en la ciudad de arrear estopa al hereje, dejaron de predicar las ventajas de la guerra santa. No hubo, con el tiempo, ni más excomulgados, ni nuevas discriminaciones o pérdidas de denuncias; ni tuvieron que llevar puestos los simpatizantes de los herejes capuces verdes con un paracaidista subiendo o bajando. La biología humana hizo el resto. Las dinastías comenzaron a buscar su mejor derecho. Al cabo de un tiempo una nueva población se alzó sobre los viejos rencores que se habían ido apagando. Los familiares de los antiguos combatientes pidieron su sitial sobre el antiguo campo de exterminio. Las uniones florecieron aunque, al ser poco el gentío, hubo que hacerlas entre iguales.
 
Desde lo alto de uno de los torreones que vigilaban el sueño de la ciudad atisbaron un día varios dignatarios allá abajo, en la vega, unos campamentos ¿Serían enemigos? Fue la primera pregunta que se hicieron los sorprendidos observadores. Con el transcurso de los meses y los años, los campamentos crecieron, se organizaron y se hicieron sedentarios, definitivos. Al cabo de un decenio, ya no eran campamentos, sino otra ciudad lo que se alzaba allí. Una ciudad informe, confusa, próspera en su actividad, con caravanas ininterrumpidas de lejanos países entrando y saliendo en su delimitación sin ningún tipo de cortapisas. Allí vivían miles. Decenas de miles, casi todos jóvenes. Trabajaban, se divertían, cantaban y bailaban hasta el amanecer. Era un núcleo bullicioso, alegre, despreocupado, de gente impetuosa, algo iconoclasta y de curiosa avidez de saber. Esta segunda ciudad estaba en el llano, junto al río, rodeada de huertos y jardines y se desparramaba, un poco a la diabla, por el campo circundante. Arriba, los amurallados, la miraban y remiraban con creciente preocupación.
 
Esos hombres y esas mujeres son herejes disfrazados, se decían unos a otros. Han acampado ahí con pretexto de vivir, pero en realidad tratan de asaltar nuestras murallas y destruir nuestro viejo burgo. Aprestémonos a la defensa. Y aún,si fuera posible, vayamos al ataque preventivo. Entremos una noche por sorpresa en sus tiendas y mercados y destruyámoslo todo. Es la única manera de salvar nuestra catedral, el tesoro de nuestra fe, nuestra vida colectiva, nuestras costumbres, nuestro sistema social.
 
Pero los de abajo, los de la vega, no tenían la menor intención de asaltar las murallas. Ni de arrasar la ciudad antigua. Se sentían, eso sí, ciudadanos comunes pues eran de la misma pasta que los encastillados, aunque de creencias y adoración distinta. Y aspiraban a vivir juntos, dentro de una comunidad abierta, grande y sin murallas que les aprisionaran. Pasando de los fantasmas que albergaban los fantoches del castillo.
 
Los de intramuros, sin embargo, persistían en tomar por asaltantes enemigos a los acampados en el valle ¡Mirad cuántos son!, exclamaba su tirana reyezuela. ¡No dejarían aquí dentro piedra sobre piedra!. Los de extramuros, a su vez, cuando en alguna ocasión se acercaban a los torreones en ocasión de festejos internos, contemplaban con estupefacción muchas de aquellas ceremonias antiguas, pasadas, añejas que ni se entendían ya ni apelaban a la apertura de las murallas. ¿De qué hablan? ¿Por qué se expresan así? Deben pertenecer a alguna extraña secta, se decían.
 
Algunos de la mesnada fundadora de la ciudad bien defendida quisieron mediar para disipar los equívocos. ¿Eh, amigos?, gritaron desde las almenas a los de la vega explicad lo que queréis. Decid a los de dentro que no queréis destruir, sino integrar. Que deseáis abrir las puertas pero no prenderlas fuego. Que esperáis vivir juntos y respetar la vega y la meseta como partes que son de la misma comunidad. Que si sois muchos y acaso los más, aspiráis a regir la ciudad grande con tanta o más responsabilidad que los de dentro han mostrado en gobernar la primitiva. Decid eso para que os oigan y se convenzan del error.
Y luego se dirigieron a sus viejos compañeros para exhortarles al diálogo. Decid a los de fuera que no se trata ya más que haya dos ciudades, sino una que lo sea de todos. Abrid las puertas, mostradles el camino, iluminad con cirios los cien monasterios para que vean la luz. No derribéis las viejas murallas, si así os place, pero plantad sobre su ronda, entre las bombardas y las cureñas un vergel de jazmines y de rosas. Conservad el histórico alcázar. Guardad el respeto debido a las lanzas y a los que encanecieron en su servicio.
Que renuncien a su verdad, contestó la tirana, que pidan perdón por ser herejes y nos rindan pleitesía, mientras el obispo lanzaba venablos sobre los de extramuros. Golems, resentidos de canallesca deslealtad, con retorcida estulticia. Batasunos todos. Que os den por el culo.
 
El mediador, boquiabierto, giró hacia la gente del valle y abriendo los brazos en señal de disculpa pidió perdón a los ciudadanos del exterior. No puedo hacer más, me debo a Ella y al obispo.
 
Oye, mediador. Que nosotros sólo estábamos aquí por si alguna de las churris de dentro querían matarile. Diles a los villanos que se metan la ciudad por el culo y que tiren la llave lejos. No te jode, aquí el mediador...